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viernes, 15 de junio de 2012

Euro 2012. Segunda jornada Grupo C


La segunda jornada del grupo C se abrió con un emocionante Italia contra Croacia. Son dos países unidos por la Historia, puesto que la Dalmacia, región en la que se encuentran ciudades importantes como Split, Dubrovnik y Zadar, fue veneciana durante setecientos años y conquistada por el Estado italiano de Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. No sé cómo serán las relaciones entre los dos países desde entonces, pero es curioso la violencia con la que hinchas croatas pitan el himno italiano en los prolegómenos del partido.

Italia domina el primer tiempo gracias al que para mi es el mejor futbolista del mundo en la actualidad, Andrea Pirlo. En unos tiempos en lo que lo determinante en el fútbol es la condición física, correr y aguantar más que nadie (haciendo parte fundamental del deporte a los médicos de los equipos), Pirlo suple todas sus carencias con una calidad excepcional. Con gran inteligencia administrando sus esfuerzos, sabiendo exactamente cuándo hacer una conducción larga de balón y cuándo meter un pase largo, cuándo presionar la salida del contrario y cuándo mantener el rigor posicional. No hay nadie como él.

Le acompañan en esta gran Italia de Prandelli un montón de grandes futbolistas, dispuestos además de una manera original y poco dogmática sobre el terreno de juego. Tres centrales que no significan un planteamiento defensivo. Entre los bulldogs Bonucci y Chiellini se sitúa Daniele De Rossi, el ya veterano centrocampista de la Roma. No actúa como el clásico líbero, ya que rara vez rompe líneas de presión mediante conducción larga de balón, sino que es como el punto central de un eje que da seguridad a los dos centrales y que permite combinar sin problemas con Pirlo en un sentido vertical. Lo que permite De Rossi es que la primera línea de presión croata se adelante y así Italia pueda romperla con calidad y rigor, y no con un pelotazo o un pase horizontal de un central común.

La línea de tres centrales permite las subidas largas de los laterales. Son los únicos hombres de banda en esta Italia, que no tiene ni volantes ni extremos. Son los encargados de dar profundidad al juego de ataque, pero también por su largo despliegue en el campo, un punto débil de la defensa italiana. Ante una España sin bandas y con poca profundidad de los laterales, Italia pudo armarse bien. No sucedería lo mismo con Croacia. También es cierto que con la habilidad de Pirlo para trazar pases verticales hacia los delanteros, los italianos usaron poco el desborde por banda.

Junto a Pirlo, en la media, el completísimo Marchisio, que hizo de todo durante el partido, incluido una clarísima ocasión de gol precedida de un recorte espectacular a un defensa; y Motta, ese jugador demasiado plano y previsible, pero con fuerza y trabajo. Uno de los pocos jugadores donde Italia puede mejorar lo presente, quizás con Montolivo o el oportunismo de Nocerino. Y arriba, Antonio Cassano y Balotelli, dos delanteros de gran calidad, imprevisibles, y por eso mismo irregulares. A Balotelli no lo hemos visto aún en su mejor versión, pero dio un salto de calidad respecto al primer partido, donde estuvo bastante perdido. Intimidó con sus lanzamientos lejanos y con su potencia en el área. Cassano estuvo demasiado tiempo en el campo. Un jugador que hace poco más de seis meses estaba siendo tratado por un complicado ictus isquémico no debería estar para jugar casi completos estos dos partidos de gran intensidad.

Italia lo hizo todo en la primera parte. Jugó de maravilla, dominó y tuvo muchas ocasiones. Todas nacían de las botas de Pirlo, que distribuía a placer ante un medio del campo croata desbordado. Enfrente tenía a un jugador de enorme calidad como Luka Modric, pero al que le falta la personalidad y la consistencia de Pirlo, la confianza en su juego y tener una noción más clara de los tiempos en el fútbol. Quizás el error de Modric fue irse a una liga como la inglesa, demasiado vertical, demasiado rápida. Un jugador como él necesita aprender las pausas, saber manejar los tiempos del partido. Ser un doctor para su equipo. En el Tottenham, un equipo demasiado ortodoxo, termina convertido en un jugador de transición y no en el corazón de la escuadra. Un jugador desaprovechado.

El resultado de la deriva croata fue el dominio claro de Italia, que se fue al descanso con ventaja gracias a una preciosa falta ejecutada con talento por Pirlo. El justo premio para este enorme jugador. Italia parecía tener el partido asegurado, puesto que Croacia ponía pundonor, pero quizás le faltaba unión entre sus líneas.

Faltaban jugadores con personalidad, y apareció para Croacia en el segundo tiempo su capitán Darijo Srna, el futbolista que tiene todo lo que le falta a Modric. Srna comenzó a poblar la banda derecha al mismo tiempo que Croacia comenzó, poco a poco, a comerle terreno a Italia. Y a Srna le acompañó, o quizás le superó, su compañero por la otra banda, Ivan Strinic, sin duda el jugador del partido para Croacia. Desesperó a Giaccherini y colgó uno y mil balones. Normalmente no encontraban a Jelavic y a Mandzukic, pero fue la principal arma de los croatas.

Italia era la norma del partido y Croacia la excepción. Es decir, los azzurri construían el piso sobre el que se asentaban los dos equipos. Era la que daba forma al partido, la que medía los tiempos, mientras que Croata trataba de romper esa hegemonía con ataques directos, a partir de jugadas de banda. Con Modric a bajo nivel y Rakitic sin encontrar su lugar en el campo, Croacia se encomendó a sus laterales. Y le salió bien. Un centro de Strinic que no ataja Chiellini, lo caza Mandzukic que la rompe ante un Buffon que sale bien. Pero el balón da en el poste derecho y se cuela con suerte en la portería. Nada puede hacer la gran colocación del portero italiano.

Con dieciocho minutos para el final, el partido no varió su situación. Italia siguió manteniendo la posesión, aunque nunca fue tan incisiva como en la primera mitad. Bajó Pirlo y bajó toda Italia. A Montolivo, que entró por Motta, le falta mucho para equipararse al maestro lombardo. Arriba, Balotelli, que había sido el mejor delantero, fue sustituido por Di Natale, que apenas tuvo presencia como compañero de un decadente Cassano. El cambio por Giovinco llegó demasiado tarde, y el pequeño enganche apenas tuvo tiempo. Aún así, fue el único de los cambios que intentó aportar novedad al esquema italiano, con sus furiosas entradas por la banda derecha. En el mismo minuto que entró Giovinco, lo hizo Eduardo en Croacia. Otro cambio para aportar algo diferente, pero también llegó demasiado tarde. El futbolista de origen brasileño puede aportar algo más de cuerpo al juego croata, bajar algo a recibir y combinar con los jugadores de medio campo, frente a la mayor contundencia de los titulares Jelavic y Mandzukic. Pero con poco tiempo, Eduardo salió algo ansioso, y Croacia ya estaba más concentrada en retener a Italia y salir demasiado rápido al contraataque para aprovechar la fina calidad de su antaño muy prometedor delantero.

Fue un empate justo. Italia tuvo más ocasiones, pero Croacia tuvo el coraje de salir a por el partido en la segunda parte, ante un equipo que era superior a ellos e iba con todo a favor. Una pena para Italia, la mejor Italia en años, la más bella, que puede quedarse fuera de este campeonato por las combinaciones de la última jornada. Esperemos que la dictadura de los resultados no invalide la fantástica propuesta de Prandelli.

En cuanto al otro partido, no hubo más historia de la que quiso narrar España. La fortuna nos privó de un partido emocionante, pues en el minuto cuatro, una combinación de errores le deja un balón a Torres dentro del área, que el delantero español ejecuta con tranquilidad. Mucha sangre fría para el delantero, que en el partido anterior se había mostrado muy ansioso. El partido perfecto para España. Salir con ventaja desde el inicio y tocar, tocar, tocar. Irlanda no adelantó la presión, y únicamente buscó algún error español para salir rápido a la contra, pero pocas veces se dio esa posibilidad y ningún jugador irlandés tuvo la suficiente habilidad para realizarla con la maestria necesaria.

Consiguió Irlanda, eso sí, que la posesión española fuese la mayor parte del tiempo inútil. Con uno a cero, los de Del Bosque no vieron necesario arriesgar, así que faltaron más movimientos entre líneas, más rotación del medio del campo. Destacó Arbeloa, muy criticado en el primer partido, que se incorporó una y otra vez por una banda derecha desatendida por los irlandeses. Quizás fue una buena decisión, ya que el carrilero del Real Madrid no posee gran calidad ni muchas virtudes atacantes, pero por eso mismo creo que es digno de valorar su esfuerzo.

De los tres mediocentros Xavi, Xabi Alonso y Busquets, el que llevó más peligro atacante fue el tolosarra, que con sus pases potentes conseguía quebrar muchas líneas de presión rivales. Xavi, por contra, daba tranquilidad y mesura al partido. Y Busquets le aplicó el equilibrio necesario. Arriba combinaban Silva e Iniesta, pero con la tranquilidad del gol quizás jugaron con la marcha puesta y faltó la jugada excepcional que diera el segundo gol.


En la segunda parte, España mejoró, al igual que contra Italia. Y de nuevo fue por una mayor intensidad y dándole más velocidad al balón. Por momentos fue una exhibición, acompañado además por goles. Silva, Torres y finalmente Cesc. Nadie destacó en una escuadra que realizó el mejor fútbol del campeonato, algo que siempre hay que coger con cuidado por lo dicho al principio: ir ganando desde el minuto cuatro facilita las cosas, y más si eres España y enfrente tienes a Irlanda. Tampoco se trata de minusvalorar el enorme trabajo, pero es la primera vez que vemos un desequilibrio tan claro entre dos selecciones.

En Irlanda el mejor fue su portero, Shay Given, que sacó tres manos portentosas. Disparos a bocajarro que despejó con muy buenos reflejos. Tuvo que terminar desesperado con una defensa lentísima, tanto en la marca como en el despeje. Desapareció el medio del campo. A Andrews ni se le vio. Y arriba McGeady, Duff, Keane y en la segunda parte Walters se mataban por cazar algún despeje. Muy poco para Irlanda, pero quizás no tenga más. Ni lo necesita. Para ellos es un logro haber llegado hasta aquí. Se han quedado fuera selecciones más potentes y les ha tocado un grupo en el que partían con clara desventaja. Irreprochable su competición. Y se van con un premio muy importante, la mejor afición del torneo, que se pasó todo el partido animando (hermanada con los hinchas españoles en un gesto precioso) y abrumó al estadio con unos últimos diez minutos de cánticos ahogados. Comportamientos como estos consiguen borrar la mala imagen del fútbol que han dejado estos días aficionados polacos, rusos y croatas.

Lo más decepcionante de España fue que, con el partido resuelto, Del Bosque no probara algo diferente con los cambios. Haber propuesto una variante táctica, por ejemplo jugar con un solo mediocentro o poner a dos delanteros. Pero los cambios fueron hombre por hombre. Vimos debutar a Javi Martínez, el mejor talento para el futuro, y actualmente el mejor central de España, puesto que ni Piqué ni Ramos están en sus mejores versiones. Como mediocentro tampoco tiene nada que envidiar a Busquets y a Xabi Alonso. Es más, quizás pueda combinar el trabajo de ambos en una sola persona.

Cazorla entró por Iniesta, pero apenas pudo demostrar nada. España ya ganaba cuatro a cero, y el equipo se dedicó a conservar el balón, pues tampoco el rival (noble y con una afición envidiable) merecía una humillación. Una pena para el jugador del Málaga. Y por último, en el cambio más decepcionante, Torres se fue y entró Cesc, intercambiando sus papeles del primer encuentro, con la diferencia de que en esta ocasión Cesc sí que consiguió marcar, aunque de nuevo no son situaciones comparables. Juegue quien juegue, los dos son buenas opciones. Torres busca mejor los espacios y Cesc puede ayudar más en la creación. De todas formas, es decepcionante que Del Bosque no pruebe a Llorente, el mejor delantero español esta temporada.

En fin, un partido sin mucho que decir. España dominó y ahora se jugará la clasificación contra Croacia. Es presumible que Italia gane a Irlanda. Es muy superior, pero desde hace unos años, la azzurri tiene un enorme problema para cerrar sus partidos. Los transalpinos tienen que ganar y esperar una victoria de España o Croacia. Los de Del Bosque son muy superiores, pero habrá que ver con que disposición se toman el partido, qué riesgos deciden tomar. Un grupo en el aire donde los tres equipos merecen pasar.

sábado, 26 de mayo de 2012

Un belga solo al comando



Se llama Thomas De Gendt. Lo conocimos el año pasado en la París-Niza, esa carrera que ha visto nacer a tantos campeones. Ganó el la primera etapa en un sprint loco. Perdió el maillot de líder en la tercera etapa, pero luego lo recuperó en una etapa inmensa que finalmente ganó otro gran ciclista como él, Thomas Voeckler. Unos meses después apareció en la Vuelta a Suiza, donde ganó una etapa de montaña. No ante cualquiera, sino que segundo fue Andy Schleck, incapaz de recortar las diferencias ante el corredor que hoy homenajeo.

Nada comparable a lo de hoy. Estaba haciendo un Giro notable para un corredor que solo había corrido una vuelta grande (el Tour de 2011). Sin embargo, para alguien que busca el protagonismo como él, nos faltaba algo. Su gran objetivo de la temporada era la París-Niza, donde quedó eliminado tras esa segunda etapa en la que Omega Pharma y Sky provocaron un corte que sentenció la carrera. Un Giro en segundo plano, hasta la etapa de hoy. En su primera grande, el Tour del año pasado, terminó sexto la etapa de Alpe d'Huez y cuarto la contrarreloj final de Grenoble. Está claro que es un corredor que se crece, o que aguanta más que el resto. Y quizás por eso, porque había guardado o calculado mejor que los demás, hoy atacó en el Mortirolo, la montaña maldita de los españoles, en busca de la gloria.

El Mortirolo, por su nueva vertiente, es igual de terrorífico. Carretera estrecha, entre bosque y porcentajes constantes y terroríficos. Joaquim Rodríguez también lo intentó, pero sin convicción. De Gendt se iba por delante, mientras por detrás los líderes de la carrera se quedaban sin gregarios, por culpa de ese coloso que vio caer a tantos grandes. Había mucho terreno inconstante entre el fin del Mortirolo y el principio de la ascensión al Stelvio, y allí fue el momento más bello de ciclismo en una vuelta grande en mucho tiempo, quizás solo comparable a la etapa del Galibier en el Tour del año pasado. Pero aquello fue un duelo a dos, entre Schleck y Cadel Evans, y aquí fue una batalla de todos contra todos. Por delante, un muy buen corredor como Olivier Zaugg administraba la distancia que había conseguido en el Mortirolo. Por detrás, batalla campal. Ante el desgobierno del grupo, con un Liquigas mermado, un Hesjedal y un Rodriguez sin gregarios, se sucedieron los ataques. Cunego, Mikel Nieve, Roman Kreuziger, Dario Cataldo, Johan Tschopp... todos se iban hacia adelante viendo una posibilidad de mejorar su clasificación en la general. Un grupo con De Gendt, Carrara, Nieve, Izaguirre y Cunego se formó delante, en persecución de Zaugg. Otros como Cataldo, Tschopp o Kreuziger no consiguieron alcanzarlos, perdiendo su oportunidad de gloria. Demasiado tarde. Y por detrás, el Garmin había conseguido organizarse, con Stetina y Vandevelde. Por lo tanto, fue un duelo entre los dos gregarios de Hesjedal y los dos de Nieve y De Gendt. El del belga, Carrara, se cansó pronto, pero Jon Izaguirre mantuvo un pulso espectacular con Stetina, que se decantó a favor del corredor de Euskaltel, consiguiendo mantener las distancias alrededor de los cuatro minutos.

Quedaba otro coloso, el Stelvio. La montaña de Fuente, y hoy también la de Thomas De Gendt. Izaguirre duró poco y luego fue De Gendt el que se lanzó. Buscaba una gesta en solitario. A su rueda fue Mikel Nieve y, de forma más sabia y progresiva, el italiano Damiano Cunego, que está haciendo un Giro precioso a base de escapadas lejanas. Mucho mejor que el de su compañero Scarponi, pese a que la clasificación diga lo contrario. De Gendt caminó poco junto a Nieve y Cunego, ya que volvió a soltar otro zarpazo que sería definitivo. Cunego y Nieve, pese a que llegaron delante de los favoritos, no contaban mucho (aunque ambos aseguraron su plaza en el top ten). Fue una guerra entre De Gendt y Vande Velde, el gregario de Hesjedal que sobrevivía. El veterano corredor estadounidense es, además de otras muchas cosas no tan buenas, sabio y fue marcando un ritmo seguro. Pero insuficiente. Aguantaba mucha gente en el grupo de favoritos y De Gendt ampliaba de manera ligera sus diferencias. Pero quedaban menos de quince a meta y el belga seguía firme, mientras que las fuerzas de Vande Velde estaban muy mermadas. Nadie daba un paso al frente. Ni el líder, un Purito Rodríguez que en este Giro hizo sólo lo que sabe hacer, pero haciéndolo bien, ni Hesjedal, que ha demostrado muchas cosas en la carrera, entre ellas que le falta categoría y valentía para tomar las riendas de la carrera en un determinado momento. Y hoy, tras el fin anunciado de Vande Velde, se demostró. De Gendt se iba con una diferencia por encima de los cinco minutos. Creo que llegó a los 5'40, pero las diferencias que marca la realización italiana siempre son engañosas. Sea como fuere, estuvo en una distancia para ganar el Giro, sino en el Stelvio, sí en la contrarreloj de mañana, donde es muy superior al resto.

A menos de cinco, y al borde de perder el Giro ante un ataque excepcional de un valiente, Hesjedal decidió ponerse al frente y darlo todo. Desde luego, no estaba ante su mejor día. Diría que es un corredor al que le cuesta recuperar. Una semana antes, aterrorizó al resto de rivales con un ataque fortísimo en Cervinia, pero al día siguiente cedió el liderato ante un ataque final de Purito Rodríguez en Piani dei Resinelli. Este fin de semana le volvió a ocurrir lo mismo: superior ayer en Alpe di Pampeago y regular hoy en el Stelvio. Sin embargo, tuvo algo de valor al ponerse delante y defender sus opciones. Las diferencias con De Gendt empezaron a bajar, pero tampoco de manera dramática. Hesjedal no estaba en su mejor momento.

Por delante, el belga caminaba hacia la leyenda, aunque cada vez con mayor dificultad. Sus pedaladas eran ya muy pesadas, pese a que su compostura se mantenía recta. Un gran ciclista nunca pierde la elegancia. Al terminar la etapa, declaró que este era su puerto favorito, que lo había subido como veinte o treinta veces. Un sueño realidad, ganar de manera épica en la vuelta por etapas más épica. Nadie iba a quitarle a este corredor de 25 años la gloria de la victoria de etapa, pero su último kilómetro fue agónico, y por detrás, aún sin la convicción de los campeones, hacían camino Hesjedal, Scarponi y Rodríguez. Los tres primeros de la general. El italiano se fue a menos de dos kilómetros, defendiendo las últimas opciones de un italiano en el podio, ante la decadencia de Basso, la arbitrariedad de Pozzovivo y la poca recompensa que recibía la valentía de Cunego. Las diferencias caían dramáticamente, también respecto a sus antiguos compañeros de escapada, Cunego y Nieve. Y en el último kilómetro, Joaquim Rodríguez hizo lo que sabe hacer: mil metros a tope. Quizás no sea la forma más hermosa de luchar por una vuelta por etapas, pero el catalán fue coherente y honesto con sus posibilidades. No es un gran fondista, ni alguien capaz de mantener ritmos elevados. Pero se defendió con sabiduría de los rivales, sabiendo cuando salir a unos ataques, y cuando esperar y coger rueda en otros. Y aprovechó su fuerza demoledora cuando tuvo opción. El Giro le queda difícil, pero es la única manera que un corredor como él tiene de ganar una carrera de tres semanas. No hay que restarle méritos. Se lleva dos etapas, la clasificación de la regularidad y un puesto en el podio todavía por decidir.

De Gendt entró en meta triunfal. Fue el gran héroe de la jornada, y quizás también del Giro. Y si no fuera por las exhibiciones de Tom Boonen en abril, puede que fuera el gran protagonista de la temporada. Su etapón será recordado, y hay que esperar a mañana para que sepamos exactamente su dimensión. Después entraron unos brillantes Cunego y Nieve, que solo fueron derrotados por el día excepcional de un belga llamado a todo. Joaquim con su sprint final llegó a 3:22, mostrando la agonía del ganador en los últimos dos kilómetros. Le bajaron un minuto en poco más de un kilómetro. El italiano Scarponi entró quinto. A este corredor no se le recuerda un ataque serio por la general. El año pasado ganó la carrera de manera gris, sin realizar un solo ataque y jugando siempre a ser el segundo, esperando a la lógica sanción del ganador, para llevarse el Giro de rebote. Y este año ahondó en su mediocridad, frente a su compañero de equipo, el voluntarioso Cunego, que al menos hizo dos ataques valientes con los que puso en jaque a los líderes.

Sexto fue Hesjedal, que perdió la ventaja conseguida ayer y se queda a treinta segundos de Rodríguez en la general. Sigue siendo el favorito, pero tiene que hacer una buena crono. Detrás entró Gadret, que ha hecho un buen Giro, pero lejos del de 2011, en el que terminó de rebote en el podio. El dúo colombiano del Sky, Urán y Gadret entraron 20 segundos después, confirmando su buena carrera y un gran futuro. El Stelvio era un puerto para ellos, acostumbrados a las grandes alturas, pero todavía son jóvenes y que hayan respondido tan bien a una carrera tan exigente como esta dice mucho de lo que pueden conseguir en años sucesivos.

Y décimo fue Ivan Basso, el gran derrotado de este Giro. El favorito que dirigió la carrera con mano de hierro gracias a su potente equipo, pero fue un mal director. En ningún momento mostró ni la fuerza, ni la calidad, ni la convicción para hacer algo grande. Y tampoco tuvo el Zoncolán, ese puerto que hace caer a los corredores como fruta madura. Basso mostró su decadencia, pero también las debilidades de un corredor gris ascendido a la categoría de estrella por fuerzas ajenas al deporte, o a lo que debería ser el deporte. En su carrera tiene dos Giros, sí, pero también la vergüenza de una sanción por dopaje, además de muchos otros escándalos, como el reparto de cromos con Armstrong en el Tour de 2004, o el intento de venderle una etapa a Gilberto Simoni en el Giro de 2006.

Este Giro termina mañana, y gane Joaquim Rodríguez o gane Ryder Hesjedal, ambos habrán hecho méritos para hacerse con él, aún mostrando tanto uno como otro sus muchas debilidades como corredores de vueltas de tres semanas. A Rodríguez le falta consistencia en la montaña y nivel en la lucha contra el cronómetro. Y a Hesjedal le falta mayor regularidad. La campanada la daría De Gendt con una contrarreloj espectacular, pero dos minutos y veinte segundos son una distancia insalvable. Si fueran 40 o 45 kilómetros sería posible, pero en solo treinta sería difícil incluso para un Evans o un Wiggins. Conseguirá, salvo catástrofe, el tercer lugar del cajón, ante un Scarponi que no lo merece. Treinta segundos los separan. Todos los amantes del ciclismo estarán con el belga, para verlo brillar en el podio de Milán. El Giro debería homenajearle de esa manera, pues gracias a él, esta edición permanecerá en la Historia del Ciclismo.

martes, 6 de marzo de 2012

Tirreno-Adriático, una carrera por tierra, mar y aire


Mañana comienza la cuadragésimo quinta edición de la Tirreno Adriático, la vuelta por etapas más importante del inicio de la temporada junto a la París-Niza, que por caprichos del calendario se celebran a la par. Mal negocio para el ciclismo, ya que los mejores corredores del mundo se tienen que dividir en estas dos carreras, así como la atención del espectador, algo que también sucede en junio, cuando, durante un par de días se encadenan Dauphine y Vuelta a Suiza. Quizás conscientes de esto, los organizadores de París-Niza y Tirreno-Adriático, ASO y RCS, respectivamente, han llegado a un pacto: las etapas de la París-Niza, cortas y nerviosas, suelen terminar a eso de las cuatro de la tarde, mientras que en la Tirreno-Adriático se plantean jornadas de enorme kilometraje (en esta edición se superarán los 250 kilómetros un día), en la que los corredores no llegan a la meta pasadas las cinco.

A diferencia de París-Niza, la Tirreno es una carrera más cambiante en su recorrido. Hay ediciones que son totalmente llanas, otras con superetapas de media montaña, difíciles de controlar, pero también puede presentar grandes puertos. De ahí que entre sus ganadores se encuentre gente tan dispar como el orgulloso valón Roger de Vlaeminck, el rodador italiano Francesco Moser, escaladores como el suizo Tony Rominger o los italianos Scarponi y Garzelli, especialistas contrarreloj como Abraham Olano y Fabian Cancellara, finos uphill finishers como Davide Rebellin o Paolo Bettini, especialistas en grandes vueltas como Kloden o Evans, y llegadores de gran clase como Pozzato o Freire. Es una carrera de recorrido imprevisible y cambiante, de etapas con muchas alternativas.

Las últimas temporadas, cuando RCS aún la dirigía el excesivo Angelo Zomegnan, la Tirreno presentó un modelo claro: el modelo Vuelta a Burgos de que la mayoría de las etapas tuviesen una dificultad en forma de muro infranqueable en los últimos kilómetros para que los favoritos se rompiesen las piernas en busca de la victoria. Ciclismo de tres kilómetros, ideal para el prime time. Este año, tras la destitución de Zomegnan, la carrera vuelve a tener algo más de sentido.

No en la primera etapa que, como ya es tradición en muchas carreras españolas e italianas (donde el ciclismo está en franca decadencia), vuelve a ser una inútil contrarreloj por equipos. Esta disciplina, que muchos consideran espectacular, tiene poco valor, incluso podríamos considerar que no es ciclismo de verdad, sino una atracción con bicicletas, dignas de esos criteriums de pueblo que, ante la falta de un velódromo, los ciclistas dan vueltas a una avenida ancha de la ciudad/pueblo. Además, se desnaturaliza la lucha por la victoria de igual a igual, y priva a la carrera de un auténtico líder en la primera etapa. Un líder real, que haya luchado al lado de los más fuertes en su disciplina, por la victoria final. El líder salido de una contrarreloj por equipos, obtiene el jersey como un regalo del equipo, al ser el primero de la escuadra en cruzar la meta.

El segundo día hay una etapa claramente italiana. 230 kilómetros por un territorio seguramente más complicado de lo que muestra la altimetría, y que tiene circuito final por los alrededores de Indicatore, que es donde termina la etapa. Lo más probable es el sprint, pero si hace mal tiempo y los corredores tienen ambición, puede ocurrir cualquier cosa. Más llana y con menos distancia a recorrer es la tercera etapa con final en Terni. La principal atracción del día será el paso por el impresionante lago Trasimeno en las inmediaciones de Peruggia. Como siempre, el ciclismo francés e italiano están muy pendientes del valor patrimonial del ciclismo. Lo espectacular no sólo es la dureza de la carretera, sino también lo que tiene de monumental y fotográfico. Algo en lo que España debe mejorar mucho. El sprint parece cantado en la llegada a Terni, pero también tendrá su dificultad, puesto que en el último kilómetro está señalado un paso por una rotonda, por lo que la colocación será fundamental.

La cuarta será posiblemente la etapa estrella de esta edición de la Tirreno-Adriático. Un impresionante recorrido de 252 kilómetros atravesando toda la región de los Abruzzos, ascendiendo el paso Lanciano (1300 metros de altitud, algo raro en esta prueba) y con final clásico en Chieti, una llegada en continua ascensión durante los últimos diez kilómetros que a falta de dos se convierte en especialmente terroríficos, con tramos del 19% de desnivel. El año pasado ya vimos este espectacular final en Chieti, con victoria para Michele Scarponi. El favorito al inicio era Gilbert, especialista en estas llegadas, pero Scarponi y Cunego pusieron un ritmo infernal desde el inicio de la subida y el belga no pudo seguir su rueda. Solo Evans, a la postre vencedor final tendría piernas para llegar junto a los dos italianos. Sin embargo, la etapa no tenía, ni de lejos, la dureza que encontrarán este año los ciclistas.

Y pese a que esta etapa ya daría para suficiente dureza en esta edición de la prueba, la organización programa otra jornada muy difícil al día siguiente. Una clásica etapa de montaña, con dos puertos encadenados y final en la estación de esquí de Prati di Tivo. Quince kilómetros de ascensión con un desnivel que siempre anda alrededor del 7%. La etapa de nuevo es espectacular también por el escenario, ya que la estación invernal se encuentra en las faldas del Corno Grande, una espectacular estructura rocosa que es el punto más alto de los Apeninos. De nuevo, la grandeza del ciclismo unida a la grandeza geográfica. Esto es diseñar recorridos.

El penúltimo día, una etapa más sencilla alrededor de Offida, una comuna italiana de origen medieval. La etapa no tiene mucho misterio, ya que la mayor parte de su recorrido consiste en un circuito alrededor de este pueblo italiano. Hasta seis pasos por el mismo trazado, dos tercios de la etapa. Una orografía con pequeñas dificultades, lo que lo asemeja a un mundial, aunque con una duración inferior. Y como ya es tradición, en la etapa final se llega a San Benedetto del Tronto, aunque al igual que el año pasado, la llegada masiva es sustituida por una pequeña contrarreloj individual de nueve kilómetros.

Con este recorrido, el favorito vuelve a ser el ganador del año pasado, Cadel Evans. El australiano es el mejor de los favoritos en la contrarreloj, puede disputarle las llegadas en alto a cualquiera (aunque en su equipo contará con su principal rival: Philippe Gilbert), es capaz de seguir el ritmo de los mejores escaladores y tiene un equipo de gala para todos los terrenos. La duda será conocer su nivel competitivo, tras un año espectacular donde ganó Tirreno-Adriático, Tour de Romandia y Tour de Francia. Con 35 años, quizás la mejor versión de Evans se vio el año pasado. Pero un Tour propicio para él puede ser un acicate importante.

Las mejores alternativas al reinado del australiano son los locales Scarponi y Nibali. El primero no cuenta, como el año anterior, con el apoyo de Cunego, que ha preferido la París-Niza (donde ayer un pinchazo y un corte lo alejó por completo de la general), pero la llegada a Prati di Tivo le será favorable para sacar tiempo en una etapa de montaña, más allá de las bonificaciones y llegar con un margen a la contrarreloj del último día. Nibali presenta más regularidad que Scarponi en todos los terrenos y su victoria en la etapa reina del Tour de Omán le vendrá bien para la moral, ya que es un corredor poco acostumbrado a ganar en alto. El tercer italiano con opciones, por decir algo, es Stefano Garzelli, vencedor hace dos años y que se resiste a retirarse, para vergüenza del ciclismo. Por características similares, podríamos meter en este bloque a Joaquim Rodríguez, que vuelve a la carrera tras perdérsela el año pasado por una lesión en la rodilla (brilló en 2010 con una victoria en Montelupone), y también el oscuro colombiano Fabio Duarte, que siempre desaparece "misteriosamente" de las carreras a mitad de su transcurso...

En un tercer grupo de favoritos, los jóvenes aspirantes. En primer lugar, y por derecho en cuanto a victorias de nivel, el checo Roman Kreuziger. El corredor de Astana quizás tuvo un 2011 algo decepcionante. Fue el mejor joven del Giro de Italia, pero quizás su progresión no ha ido a más desde que despuntara en el 2007 y el 2008. Sin embargo, a lo largo de sus cinco años en la élite con tan solo 26 años (dejando su primera temporada como neo en 2006), sigue siendo un valor de futuro. Además, su rendimiento sube cuando corre en suelo italiano. El checo ha conseguido una única victoria de etapa en los cinco años que señalaba antes. Tres veces en Italia y dos en Suiza, con lo que está claro en qué parte de Europa se desenvuelve mejor. El año pasado ganó la etapa reina del Giro del Trentino, con final en Madonna di Campiglio. Con gran nivel en contrarreloj y en montaña, este debe ser el año en el que Kreuziger demuestre todo su valor o quede como una eterna promesa más.

Un año mayor que Kreuziger, con menos pedrigí e igual proyección, está Peter Velits. El eslovaco se hizo visible al mundo ciclista en 2008, cuando coronó en solitario la Croix de Fer en la etapa reina del Tour de Francia, con final en el Alpe D'Huez (donde venció Carlos Sastre para llevarse la carrera). Volvió el año siguiente e hizo trigésimo en la general, además de dejarse ver en la Vuelta a Suiza y en la Clásica de San Sebastián. Fue 2010 su año clave, con un gran tercer puesto en una Vuelta a España para escaladores. Pese a todo, un especialista contra el reloj como él supo manejarse en la montaña y arrasar en la contrarreloj de Peñafiel, donde ganó a los mejores especialistas del mundo: Menchov, Cancellara y Larsson. Y con meses de retraso, la expulsión del dopado tramposo de Mosquera, le dio un merecidísimo segundo puesto. Con esto, su 2011 se prometía grandioso, pero al igual que con Kreuziger, no cumplió las expectativas. Pero si en el caso del checo se puede deber a un problema de las capacidades del propio ciclista, para el eslovaco Velits las razones parecen estar también en la mala gestión de su antiguo equipo, el extinto Columbia, que pretendía que Velits, su hombre en la general, formase parte del tren de Cavendish. La estrategia le salió bien al equipo, ya que Cavendish logró un montón de victorias, pero eso redujo las posibilidades de su mejor corredor para la clasificación. Pese a todo, Velits hizo decimonoveno, quedando además cuarto en la etapa de Alpe d'Huez. Este año está en un equipo más veterano como Omega Pharma Quick Step, que de todas formas siempre ha fracasado en sus intentos de asalto a las generales de las grandes vueltas. Compartirá galones con un veterano como Levi Leipheimer, pero en la Tirreno tiene vía libre, con un equipo de rodadores y velocistas. Este año ya ganó el Tour de Omán, así que viene con moral y con serias opciones para la general de esta vuelta.

Y el tercero en discordia es el más joven de todos, el holandés Steven Kruijswijk, otro corredor que vive un idilio con Italia, puesto que es en el Giro donde ha conseguido sus grandes resultados. Fue decimoctavo con 23 años, en la temporada de su debut en el circuito mundial, y el año pasado consiguió quedar noveno con una actuación muy espectacular. Un mes después conseguiría su primera victoria World Tour en la Vuelta a Suiza. El Rabobank, sin Gesink, tendrá en Kruijswijk a su único líder.

El resto de participantes son incógnitas. Ni los equipos franceses ni los italianos continentales traen gente para la general. El GreenEdge viene con un equipo de velocistas de calidad (Goss y Langeveld) y a la espera de lo que pueda hacer Cameron Meyer. Garmin y Sky pretenderán cazar alguna improbable llegada masiva con Farrar y Cavendish respectivamente, aunque en Sky tienen la baza de Lovkvist, que el año pasado fue décimo en esta misma carrera. Otro sueco que en 2011 cuajó una temporada interesante fue Kessiakoff, aunque en su equipo estará Kreuziger por delante. Vacansoleil presenta también un bloque sólido con Hoogerland, Devolder, Poels y Marcato. Los dos últimos se desenvuelven bien en carreras de una semana, así que tendrán opciones de hacer algo en la general si se ven en carrera. El holandés Poels casi le birla el año pasado a Gilbert la victoria en Castelraimondo.

Tampoco me olvido de Radioshack, que viene con un equipo funesto, lleno de veteranos y con la esperanza de que Cancellara gane la contrarreloj como hizo el año pasado. También está el temible Horner, que con 41 años y el currículum más sospechoso que un deportista pueda tener, viene dispuesto a todo. El año pasado se salió y amenazaba seriamente (al ciclismo mundial) con hacer algo grande en el Tour de Francia, pero una oportuna caída en la séptima etapa nos libró de semejante vergüenza. Lo normal es que a sus 41 años no pueda repetir lo del año pasado, pero como todo en la vida de este ciclista ha sido anormal, no hay que descartar nada. De estar como el año pasado, es máximo favorito a llevarse la general final.

En cuanto a los españoles, la dupla de amigos del Katusha, Joaquim Rodríguez y Dani Moreno, son los que más oportunidades tienen de brillar. En el equipo ruso les acompaña este año Freire, que buscará alguna llegada masiva. Y dada la dureza de las etapas llanas, podrá disputarles las volatas a los más jóvenes Greipel, Farrar o Cavendish, o al veteranísimo Petacchi, otro corredor que haría mejor en retirarse.

En el Euskaltel aparece Mikel Landa en medio de clásicos como Gorka Verdugo, Egoi Martinez o Amets Txurruka. El joven talento de la cantera vasca ganó el año pasado en la Laguna de Neila con 22 años a veteranos como Joaquim Rodríguez o Juanjo Cobo. Corre sin presión, pero lo demostrado el año pasado en la Vuelta a Burgos da lugar a la esperanza. El Movistar está capitaneado por Beñat Intxausti, también salido de Euskaltel, que tuvo un 2011 marcado por la mala suerte y las lesiones. En el equipo está Visconti, el fichaje de Movistar, sin muchas opciones de victoria de etapa; la calidad y fiabilidad del portugués Rui Costa; y los jóvenes Amador y Madrazo, que ya acudieron a la edición anterior de la carrera con resultados esperanzadores.

En definitiva, otros siete días (seis si quitamos la estúpida contrarreloj por equipos del primer día) de ciclismo de primer nivel internacional, con una participación espectacular, un recorrido variado y digno de una gran vuelta, y un paisaje espectacular que hará disfrutar del visionado, sea cual sea el devenir de la carrera. Tierra, mar y aire en su más bella expresión, para la carrera de los dos mares.